23 ago. 2007

Cuento RD:COM 300

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El canasto en el rincón.

Era una habitación hermosa, su gran ventanal dejaba entrar los rayos de sol sin ninguna limitación. La cama estaba recién hecha, tenía unos cojines que habían sido tejidos con mucha prolijidad. A los pies de la cama había una colcha, confeccionada con cuadros de lana tejidos a crochet y pegados creativamente, se notaba que ya tenía sus años, pero que había sido cuidadosamente tratada. En un rincón de la pieza, sobre un canasto de mimbre se encontraba una bolsa con restos de lana y palillos, que se notaba que no habían sido tocados durante mucho tiempo. Leticia, estaba sentada en una butaca tapada con un chal y mirando hacia el exterior, sus manos estaban entrecruzadas,no sabemos que pasaba por su mente. Raúl, su marido y compañero por 30 años, había fallecido hacía ya un año, de una enfermedad que lo fue carcomiendo poco a poco, ella siempre a su lado, apoyándolo. Letty, había perdido los deseos de todo, pasaba días y días encerrada en el dormitorio recordando, nada la motivaba, salía solamente cuando la venían a buscar para llevarla al médico, su hija estaba muy preocupada, ya que veía como su madre se iba apagando poco a poco. Siempre había sido una persona muy activa, animosa, le gustaba compartir con amigas. Durante todo un año, la rutina no cambió. Tocaron a la puerta de la habitación, Letty no se molestó en contestar. Se abrió la puerta y era Amanda su única hija. Su cara estaba radiante, le dio un beso le tomó las manos y le dijo muy emocionada, que estaba embarazada, iba a tener su primer hijo y recién se lo habían confirmado. ¡Mamá, mamá! No te das cuenta, vas a ser abuelita. En un comienzo Leticia no reaccionó, luego tomó las manos de su hija, las acercó hacia su boca y las besó, fue un beso prolongado y apretado. Miró a su hija y comenzó a llorar, pero ya no era un llanto de pena, sino de felicidad. Lloraron juntas durante un rato. Leticia comenzó a hacer muchas preguntas, a las que Amanda fue contestando alegremente, alegría que Leticia de a poco fue compartiendo. A la mañana siguiente, se levantó con mucho ánimo. Ordenó su dormitorio, llamó a sus amigas y durante horas estuvo dando la gran noticia, que venía a llenarle el alma nuevamente. Sentada en su butaca tapada con su chal, comenzó a hacer planes. Miró hacia el rincón , vio su viejo canasto de mimbre con la bolsa de lanas, sus palillos y se le iluminó el rostro. Las lanas estaban volviendo a tomar su rol protagónico nuevamente.

Fin

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